La vida es…

La vida es una línea, una maldita línea en la que unas veces estás arriba y otras abajo, y otras veces simplemente no estás.

El truco está en saber distinguir la línea de ti mismo, en observar y tener todo casi medido al milímetro mientras dedicas un rato a arriesgar, a actuar, a hablar, ser y estar completamente a ciegas.

Yo, sinceramente, no sé muy bien si estoy contenta con mi vida en general, o conmigo misma. Sí sé otras cosas. Por ejemplo, sé que creo en la felicidad, pero no como un cúmulo de pequeños detalles que se unen y ¡plaf! a sonreír como si se tratara de una mera fotografía. Que va, la vida, mi vida, no es así.

La felicidad es sólo un detalle, sólo uno. Un detalle pequeñito que sucede en el momento exacto, en el momento necesario, y que puede durar más o menos. Sólo que los seres humanos tenemos la extraña manía de unirlo todo. Cuando estamos tristes, buscamos rápidamente un montón de cosas pequeñas que antes ni siquiera nos habían hecho daño, pero que ahora nos duelen más que nunca. Y tendemos a confundir eso, tendemos a confundir lo realmente importante con ese montón de detalles secundarios que se unen simplemente para no ser olvidados.

Vivimos dándole importancia a cosas que realmente no la tienen. Y somos tan sumamente egoístas que nos cuesta desprendernos incluso de lo malo.

No sé, no estoy segura, porque unos días me despierto llena de ganas y al otro no tengo fuerzas ni para desprenderme de las sábanas. La gente me aburre, no soporto que caminen así sin más, no sé, quizás sea que no soporto a la gente que vive por vivir, a los que están porque tienen que estar y ya está. Y tengo un miedo horrible a que desde fuera se me vea como a ellos. Me gustan las personas, pero ya no sé si por lo que son, o por lo que quieren llegar a ser.

Antes creía que exigía demasiado a los demás, o simplemente que esperaba que todos fueran como yo. Ahora sé que nunca fue así. Simplemente pedía algo que no todo el mundo tiene. No es más que todo lo que las personas suelen dar, pero para mí era importante. No quise estar rodeada de muertos, de personas que se quejan constantemente de lo patético de sus vidas, y tampoco de personas que sonrían todo el rato intentando hacernos creer que son los más felices del planeta. Tan sólo quise gente viva, sólo creí necesitar gente que se alimentara de pequeños detalles. Ahora sólo me atrevo a pedir un poquito más de mí cada mañana, y a veces ni eso.

Últimamente estoy muy sensible. Es como si estuviera sintiendo de golpe todo lo que no he sentido en años. ¿Sabes? Como si… sé que va a sonar ridículo, pero es… es como si mi cuerpo hubiera estado guardándose todas las emociones durante muchísimos años y ahora, justo en este momento, decidiera soltarlas a la vez y a un ritmo tan…tan rápido que ni siquiera me da tiempo a asimilarlo, a asimilarme. Hace poco no entendía cómo las personas podían emocionarse tantísimo, hasta el punto de qué se yo, llorar porque alguien sonríe o respirar de una forma distinta cuando suena una determinada canción. Ahora soy yo la que sonríe por las noches, sola, antes de dormir recordando algo bueno que sucedió. O la que echa lágrimas cada vez que releo un mensaje de alguien que, sin apenas conocer, puede tener más en común conmigo que yo misma.

No sé. Quizás nos falta tiempo para entender todo esto. Ahora sólo nos queda vivirlo, aunque días como hoy la soga apriete más que nunca aunque ayer no saliera el sol. Quizás debamos dejar aflorar nuestras emociones y centrarnos en los pequeños detalles, quizás eso nos ayude a vivir una vida más pura y sincera.

 

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