Al viento…

Habitación con vistas
“Dicen que si no lo intentas y luchas, no puedes seguir adelante. No te rindas nunca. Siempre hay solución.”

Hay silencio, aunque la televisión este encendida. La ventana sigue abierta, y percibo el frío helado de la mañana muy suave, que se acerca poco a poco, arañando mi piel. Y  se clava en el corazón y no lo abandona, y duele, y lloro de pura rabia, porque se ha vuelto a derramar el vaso de agua.

No entiendo qué sentido tiene creer en lo que he creído, vivir por lo que he vivido, soñar en positivo, confiar, tener un motivo. No tiene sentido, las cartas llevan años sobre la mesa, y he perdido mi turno porque estaba en el baño. Y apuesto, me juego la piel, y luego me hago daño.

No quiero mirarme al espejo, me arrepiento de existir, de vivir. Pero me contengo, por si la próxima vez es mejor, por si acierto y lo hago, o si saco fuerzas de debajo las piedras y el corte sea tan profundo que esos puñeteros perros se callen de una maldita vez.

Ahogo las penas en el vaso de agua, y lo único que consigo es caerme dentro. Tropiezo al salir, el cartero llega con una carta que es para mí, que informa sobre tu ausencia. Eso ya lo sabía, y le grito al acosador que lee la carta.

Te abrí todas las puertas por haber y tú construiste una zapatería en cada una. Las hojas tiene más valentía del suicidio que yo, y eso sólo me entristece y me hace abandonar por octava vez en el día mi cordura y mi seguridad. Falsa seguridad robada, respaldo asegurado. Eso me diste, eso no te di.

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